En todos los momentos de tu vida, buenos o malos, ¡confía en Dios! “Los tiempos de Dios son perfectos”.
Disfruta y vive el presente al máximo, sin preocuparte por el futuro o el pasado.
No pienses, no dudes, sólo confía que si estás ahí, es por algo más grande que tú.
Nunca es muy tarde o muy temprano… nunca eres muy joven o viejo...
Cada día con vida es un gran día, agradécelo.
La repetición y constancia es la madre de cualquier habilidad.
La complejidad es el enemigo de la ejecución.
Tendrás días buenos y malos, pero las experiencias que vas teniendo y la gente que conoces es lo que hace que todo valga la pena.
Todo lo que digas o hagas hazlo con amor, haz las cosas de manera que puedas ayudar a los demás en sus necesidades.
Construye tus cimientos y afiánzalos en Dios, así cuando vengan épocas complicadas seguirás firme para salir de ellas.
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